Cómo la bicicleta mejoró mi salud

¡Hola a todas las amigas pedaleras! Me llamo Javiera y vivo en la comuna de Molina en la Región del Maule, Chile. Acá les contaré cómo mi preciada bicicleta mejoró mi salud durante el 2020.

Nunca fui deportista, pero llegó un punto de mi vida en la que fui diagnosticada con Obesidad Tipo I, lo que obviamente me puso en alerta debido a los factores de riesgo a los que me encontraba expuesta. Desarrollar una Diabetes era inminente, sumado a todo mi historial familiar. Rutinas poco saludables, subidas y bajadas de peso y malos hábitos, que me hicieron reflexionar sobre mi bienestar.

Año 2018

A principios de 2018 compré mi primera bicicleta, motivada por querer hacer algo distinto y sentirme más activa, ya que como comenté, jamás hice deporte. Algunas veces iba al gimnasio, que terminaba abandonando porque me aburría. En ese momento, empecé a valorar lo que me había perdido por tantos años; el amor por insertarme en la naturaleza sobre dos ruedas, donde yo era mi propio motor de movimiento, el sentir el viento en la cara, el aroma de las flores, árboles y tierra húmeda, simplemente sentir las bondades de nuestro medio ambiente en todo su esplendor, el calor del sol, mirar atardeceres, sentir ese frío que te congela y piensas: ¿Por qué no estoy acostada durmiendo?

A la vez, llegó el sufrimiento físico: ¡Sí! No se puede negar, cuando uno tiene muchos kilos extras al practicar ciclismo los sientes. Esto es netamente personal, pese a que podía llegar pedaleando donde quisiera, mi velocidad nunca fue buena, además de cansarme demasiado, siempre tenía que estar comiendo dulces y muchas veces tuve pensamientos como “yo no sirvo para este deporte” porque de verdad sufría de cansancio físico y psicológico. Las subidas las caminaba y creía que jamás iba a ser capaz de mejorar porque me gustaba mucho comer y no estaba dispuesta a renunciar a ello, por lo que acababa conformándome con la típica frase “como sea llego igual”. ¿Pero qué pasó después? Comencé a ir a carreras de mountainbike, lo que sin duda fue una inyección de motivación para hacer un esfuerzo. Vendí la bicicleta que tenía y fui por la que hasta el día de hoy llamo mi instrumento de bienestar: mi amada Santa Negra Specialized Chisel.

El cuerpo pide bici

Mi rendimiento personal con la nueva bicicleta no cambió mucho que digamos, solo pedaleaba más seguido, pero no cambiaba mi estilo de vida por uno saludable. Muchas veces no quería salir con otras compedaleras porque me sentía mal cuando me esperaban, y venían las desmotivaciones y cuestionamientos de que este deporte no era para mí, que era muy sacrificado, mucho cansancio, calambres, dolor, sudor y al final llegaba a mi casa a comer el triple de calorías de las que había gastado en la salida. Aunque la mente juega esas malas pasadas, el amor que uno le toma a la libertad que se siente al rodar, sumado a que gracias a tus piernas y corazón puedes llegar a lugares bellos es impagable, es el momento de conexión entre tu mente, cuerpo, bicicleta, alma, naturaleza y nadie más. Es tu espacio, donde por instantes te olvidas del resto para reconectarte con tu interior, por lo tanto no lo iba a dejar, si al fin y al cabo a todos los que estamos inmersos en este mundo cletero ¡el cuerpo nos pide bici! Entonces seguía a mi manera hasta que comencé a practicar arriba del rodillo de rulos.

2020: El año de la pandemia

El rodillo no fue significativo para mí hasta 2020, el año de la pandemia, el año que nos despojaron de nuestra valorada, preciada y anhelada libertad, el año que nos encerraron y que salir a hacer deporte significaba un riesgo a la salud más que un factor protector.

Por consiguiente, ¿qué hacer cuando te arrebatan tu libertad? ¿Qué hacer cuando te limitan a un “quédate en casa”? ¿Qué hacer cuando no puedes ver a tus amigos(as)? ¿Qué hacer cuándo te dicen que debes estar confinada? A nosotras las ciclistas que nos gusta tanto salir de aventuras, entierrarnos, embarrarnos, sentir el viento, el sol, lluvia, es decir, sentirnos VIVAS… Fue y ha sido un daño muy grande que difícilmente olvidaremos.

Entonces, ¿qué se puede hacer? pregunta que yo creo que todas ustedes se hicieron en sus hogares. Bueno, comencé a vivir la pandemia en marzo de 2020 con 80 kilos y con un rodillo de rulos, que me permitía pedalear en casa, donde podía sacarme el estrés y ansiedad, generada por la incertidumbre, lo que puso freno a que continuara dañando mi salud, pero nunca imaginé que esto iba a traer cambios significativos y muy positivos.

El autocuidado es el mejor regalo

Poco a poco fueron pasando las semanas pedaleando en casa hasta que comencé a sentirme con más energía y con más ganas de seguir practicando rodillo, aunque sintiera que era bastante pesado. Al comienzo no era capaz de mantenerme más de 15 minutos sin parar y a velocidad muy moderada, pero descansaba e insistía hasta completar una hora en movimiento, aunque en tiempo transcurrido fueran dos. Y así comencé a sentirme más deshinchada hasta que me di cuenta de que había bajado 2 kilos a fines de abril, lo que me motivó para seguir, pero desde otra perspectiva. ¿A qué me refiero con esto? Si bien hacía ejercicio para no aumentar más kilos en tiempo de confinamiento, apareció una voz amiga, de la que estoy muy agradecida, que me dijo: “tienes el deber, el derecho y por sobre todo, el tiempo para invertir en ti y mejorar por ti y para ti”.

Definitivamente eso hizo un clic en mí, me hizo repensar mi salud y el MTB: En mi interior comenzaron a surgir preguntas como ¿Por qué siempre tengo que ser la última? (ojo que no hay nada de malo en ello, siempre se le gana a quienes no lo intentan y a quienes critican desde un sillón). ¿Por qué me tengo que conformar con solo salir a sufrir físicamente? ¿Tengo que seguir sintiéndome mal porque no logro seguir el ritmo de otras personas? Y así fue como busqué resignificar la bicicleta en mi vida.

Cambiando hábitos

Ya corría el mes de mayo cuando decidí “ponerme las pilas”, me fui encantando con el rodillo y poniendo mi esfuerzo en rendir cada día un poquito más, pero nada sucede por milagro. Tuve que renunciar al estilo de vida que estaba acostumbrada, que era comer a cualquier hora, lo que encontrara o quisiera. Si quieres mejorar tu salud el giro debe ser completo, dejando atrás lo que no te aporta o más bien, aprender a diferenciar el hambre física de la emocional. Obviamente no me pondré a definir términos ni nada de ello pues no soy nutricionista, pero recalco que esta es mi experiencia personal.

Nuevamente la voz amiga me ayudó, persona con dominio del tema y experiencia, con resultados fehacientes. Ella me transmitió tips y conocimientos, que estoy segurísima de que jamás dejaré. En términos simples y sencillos: “debes aprender a comer limpio”, es decir, comer lo más natural posible, lo que para mí no era un problema o no era tan difícil existiendo deseos de mejorar y voluntad, ya que ni siquiera bebo alcohol. Así fue como renuncié a los alimentos ultra procesados. Hay que irse adecuando de acuerdo con tus requerimientos y alimentarte con lo que sea un aporte para tu organismo, comiendo lo que realmente necesites y no lo que uno ha ido creyendo generacionalmente que es lo que se debe comer en un día normal. Y bueno, ¿qué implicaba esto a grandes rasgos? Comer alimentos provenientes de la tierra, algo que ya todas conocen: hartas verduras y vegetales, frutas, frutos secos, proteínas, mucha agua y café, que son mis motores diarios y adiós chatarras, adiós embutidos, adiós pan, dejando como único carbohidrato de consumo la avena integral. Todo esto sumado al ciclismo indoor modo pandemia hizo que comenzara a notar realmente resultados positivos y favorables para mi salud, pero debo reconocer que ha sido un proceso bastante lento, que requiere de mucha paciencia.

Fueron pasando semanas y meses, pedaleando en el rodillo todos los días, hasta que un día logré realizar una hora sin pausa a una velocidad promedio, ni baja ni alta. Cada vez rendía más, el 24 de agosto de 2020 ya pesaba 70 kilos, por tanto había perdido 10 kilos, lo que me dejó muy contenta para seguir cuidando mi salud e insistiendo en mejorar mi rendimiento físico, así cuando volviera a pedalear en el exterior fuera más salir a disfrutar los entrenamientos y salidas recreativas.

Septiembre: El mes decisivo

Fue el mes de los resultados, me propuse desafíos de resistencia física ya que en agosto había logrado realizar 50 kilómetros de rodillo sin pausa, y así fui poco a poco sumando kms de pedaleo.

Primer desafío personal – septiembre: 60KMSRodillodeRulosSinPausa: LOGRADO! ¿Y qué pasó 3 días después? 80KMSRodillodeRulosSinPausa: LOGRADO! Y creo que me dio algo de locura porque quise seguir por más y dos días después adivinen, 100KMSRodillodeRulosSinPausa: LOGRADO!  Hasta que el día 13 de septiembre logré pedalear 4 horas sin pausa alguna sumando 109 kilómetros.

De verdad no lo podía creer, había superado todas mis expectativas en cuanto al uso del rodillo y resistencia en la bicicleta, sin duda el abandonar hábitos no saludables para crear los que te acompañarán toda tu vida trae muchos beneficios.

¿Qué aprendí en este proceso?

A ser constante. Así también, aprendí que muchas veces no hay motivación, puede que te sientas cansada o simplemente no andas en tu 100%, pero ahí la disciplina hace su trabajo. Yo no daré una cátedra de disciplina porque recién estoy aprendiendo, pero gracias a ese concepto muchas veces cumplí conmigo misma cuando la pereza quería ganarme. Otro aspecto fundamental es la voluntad y tener un objetivo claro.

Si quieres mejorar tu rendimiento y salud, no lo conseguirás desde tu cama o desde el sillón amiga! Debes mover tus piernas, acelerar tu corazoncito y por sobre todo, no hacerte daño alimentándote con lo que no te nutre. Lo reitero, yo sigo aprendiendo, me queda tanto por mejorar, pero créanme que se valora enormemente pedalear con 14 kilos menos! Actualmente peso 66 kg gracias a la bicicleta y comer sano y limpio.

Paciencia y esfuerzo: La clave

No soy una persona fitness ni estoy con un físico tonificado, llevo en mi piel todas las marcas y cicatrices de mi obesidad, pero creo que el trabajo principal ya lo logré, el haberme despojado de una gran carga que sólo hacía inminente el peligro de contraer enfermedades crónicas. Seguiré trabajando y mejorando con paciencia y esfuerzo porque muchas veces las personas se desmotivan al primer mes de intentarlo, pero deben saber que no todas reaccionamos a los estímulos de la misma manera.

En lo personal, ha sido un trabajo muy lento, que tuvo lágrimas, una que otra recaída en cuanto a la comida, pero mínimas y no está mal, el cuerpo también se estresa, pero también se acostumbra. Hay que vivir el proceso a tu tiempo, con amor y dedicación y poco a poco los resultados comienzan a aflorar.

Otro punto fue cambiar mi forma de pensar con respecto a la comida, yo no vivo a dieta, yo creé un hábito que he mantenido y pretendo que sea perdurable en el tiempo y aunque a muchas personas les parezca muy difícil o no lo entiendan, la verdad es algo súper simple e incluso barato, porque yo me considero una persona sencilla y no necesito ni grandes elaboraciones ni alimentos carísimos para comer sano y rico, es el compromiso que hice conmigo, y para mí no hay vuelta atrás.

¿Y la bicicleta mejora mi salud?

Sí, indudablemente. Cuando lo haces desde la responsabilidad de llevar una vida saludable con tu cuerpo y corazón sumado al ejercicio físico, todo comienza a fluir. Cuando levantaron la cuarentena en mi comuna y retomé el pedaleo en exterior sólo tuve logros y mejorías personales que hace un año atrás eran impensadas para mí. Le gané con creces a mi versión anterior, bajando absolutamente todos mis tiempos, mejorando mi velocidad, mi resistencia y por sobre todo, me sentí contenta sumando muchos kilómetros de naturaleza recorriendo paisajes hermosos y vistas maravillosas con una sonrisa de oreja a oreja disfrutando del aire libre, cuando el año pasado solo pensaba en llegar a mi casa y devorarme el refrigerador!

¡Todas podemos!

Solo puedo decirles amigas del pedal que todas podemos superarnos y aunque a veces muchas personas piensen distinto, uno no lo hace con el fin de ganar, la verdadera competencia es contigo, eres tu propia rival a vencer después de todo lo que sufriste, incluso tener que superar momentos amargos que hay detrás de un cambio tan lindo y positivo.

Este año me siento victoriosa porque lo comencé pensando que nunca iba a progresar en la bicicleta y aquí me ven con miles de kilómetros acumulados en casa, los que hicieron que ahora las rutas de la calle sean disfrutadas como también exigidas, porque hay días que lo doy todo dentro de mis límites y posibilidades para ir midiendo mis avances con la diferencia que ahora puedo decir que aguanto el sufrimiento ¿Por qué? PORQUE HAY UN TRABAJO, ESFUERZO, TIEMPO Y DEDICACIÓN DETRÁS dedicados netamente a mi salud.

Qué les puedo decir amigas del pedal: todas podemos mejorar en la bicicleta y disfrutar sanamente de ella! Entrenen, coman sano, crean que en ustedes mismas no hay nada más lindo que cuidarse a sí mismas, cuidar su corazón de los excesos.

Yo no soy una gran referente, pero si mi experiencia sirve a otra amiga que quiera comenzar a ganar más vida por medio de la bicicleta como yo empecé este año, sería hermoso. No permitan que nadie les haga creer que siempre deben seguir en la misma línea ni que nadie opaque sus progresos, todas podemos superarnos con o sin apoyo, la decisión está en nosotras y hay espacio para que todas brillemos en las pistas del pedal y rodar kilómetros de felicidad. Porque sí, somos felices en nuestro mundo cletero donde sacamos a pasear nuestra alma, donde nos desafiamos activando nuestro corazón al mil, donde nos ponemos a prueba y batallamos con nuestro sudor, donde pensamos, donde hilamos ideas, donde soñamos como también donde botamos estrés y amarguras. Sin duda, la bicicleta no es más que un sinfín de beneficios para nosotras… Así que amiga, si leíste todo esto, además de darte las gracias por tu tiempo te diré: PEDALEA POR TI!

Javiera Godoy
Colaborada Pedalea por Ti
Instagram: @ja.viera_
Edición de texto: Caterina Da`llorso, Constanza Contreras

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